EL OCOTAL: CONSERVAR LO QUE QUEDA Y RECUPERAR LO QUE SE PERDIÓ

Escrito por el 17 de septiembre de 2026

Luego de un proceso de casi un año, el núcleo ejidal de San Juan y San Pedro Tezompa logró remover a los representantes de su Comisariado Ejidal, quienes habían sido señalados por presunta falta de transparencia e irregularidades con respecto a la implementación de un saneamiento forestal en “El Ocotal”, un área boscosa que se encuentra en el municipio mexiquense de Chalco, y que comparte linderos con ejidos y pueblos originarios de Milpa Alta en la Ciudad de México.

“Ellos [el Comisariado Ejidal] ya tenían acuerdos con la presidencia de Chalco, Probosque y con Profepa. Se supone que los apoyamos para que el otro que fue presidente del ejido rindiera cuentas, pero estos salieron igual o peor”, narra don Renato García, una de las personas que no es ejidataria, pero desde su infancia ha recorrido el Ocotal y trabaja las tierras de su padre, que se encuentran dentro del Ejido. 

La deforestación en el Ocotal y sus parajes ya estaba presente desde 2022, en el periodo del entonces presidente del comisariado, Joel Cardoso Arcos. “En 4 años acabaron con el 70% del bosque. Allí, donde están los muchachos plantando, tú te metías y se sentía frío, húmedo. Ahorita ya pega muy fuerte el sol”.

 

 
Para 2025, cuando llegó el momento de renovar al Comisariado, ejidatarios y miembros de la comunidad apoyaron la elección de Fernando Leyte del Valle, pero a los pocos meses, con la implementación del saneamiento forestal para combatir la plaga del gusano descortezador, aprobado y supervisado técnica y administrativamente por la Protectora de Bosques del Estado de México (Probosque) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), las señales de un proceso de deforestación del monte empujó al ejido nuevamente a reclamar por transparencia y exigir la suspensión de la tala.

Sucedieron peticiones de asambleas informativas, reclamos para detener la tala y la destrucción del bosque, reuniones informales con fricciones, desencuentros entre miembros del ejido, manifestaciones, reforestaciones y en eso, la fragmentación del núcleo ejidal en dos escisiones antagónicas: una del lado del Comisariado y otra que integró a la “Comisión Ocotal Ayaquemetl”. Ante la ruptura, los demás ejidatarios, que en su mayoría son adultos que rondan los 60 y 70 años, respaldaron alguno o ambos grupos, con la intención de preservar el bosque a pesar de la información confusa y contradictoria.

 

“Este lo marcaron y no se lo llevaron” dice Sergio mientras sale del camino y se acerca a un árbol con la corteza ampollada de resina, el mecanismo de defensa del ocote ante el gusano descortezador. “¿Qué le iban a sacar?” pregunta, señalando la delgadez del tronco.

Relata que ese árbol, y otros grupos pequeños y dispersos que se vieron afectados por la plaga “se sacrificaron por los que los rodean”, explicando que, desde la visita en marzo de técnicos de las dependencias responsables de dictaminar el saneamiento, se afirmó que, tantos los árboles evidentemente plagados como los que se encontraban alrededor de ellos, tenían una esperanza de vida de 20 días. A seis meses, según lo observado por Sergio, la plaga se concentró en uno o muy pocos árboles. Los que se encuentran cerca de ellos, incluso los que están a un par de metros, muestran señales de mejora, con nuevo follaje y casi ningún punto de resina visible. “Es como si entre ellos se ayudaran”. 

 

“Cuando ya estaba la talación, el señor -refiriéndose al anterior presidente del Comisariado- tiraba un ocote y se llevaba como cincuenta chiquitos. Cuánto ya deforestó de árboles verdes, y no quedamos en eso. Quedamos que puro árbol seco, enfermo, y él se fue a lo vivo, a lo que no estaba enfermo”, narra don Martín Rojas.

En el momento que el anterior comisariado, a cargo de Fernando Leyte, informó al Ejido con renuencia sobre las características del saneamiento, indicó que a El Ocotal entrarían, cada día, cinco cuadrillas de diez hombres para ejecutar la tala autorizada. “No fueron cinco de diez, fueron doce de diez”, reclama don Renato, “diario cargaban ocho tornon”. Para el periodo de este comisariado en representación del señor Fernando, las dependencias autorizaron el aprovechamiento de 25 mil metros cúbicos de material forestal, un aproximado de 10 mil y 15 mil árboles adultos.

 

 

“Antes, cuando había mucho árbol y estaba todo bonito, el agua del bosque llegaba a San Juan Tezompa, donde había unas lagunas. Nosotros sembrábamos lechuga, espinaca, tomate, rabanitos, zanahoria, de todo”, recuerda don Martín. “Este bosque también pasaba el agua para San Andrés Mixquic, allá también tenían su laguna que era agua que bajaba de nuestro monte”.  

– ¿Qué otros cambios ha notado en el monte? 

“No es que haya cambiado, sino que lo han talado. Casi a medio bosque ya le dieron juego. Por eso tenemos que echarle ganas para reforestar. De verdad es una tristeza ver lomas ya de puro tronco”.

“Yo pensaba que nunca se iba a terminar el agua”, continúa relatando su infancia, cuando su padre empezaba a llevarlo al campo para aprender a arar la tierra.  “Mi abuelo me decía que con el tiempo se iban a acabar las lagunas, el agua: -Si ese bosque lo llegan a destruir ya no va a haber agua ni para el centro ni para los pueblos cercanos como Mixquic, Tetelco y Tezompa. Y van a andar buscando agüita, hijo-. Y ahora estamos viendo que sí bajó mucho el agua”.

En esos años su padre le dijo que algunos de los ocotes que se alcanzaban a ver, fueron plantados por su abuelo y su bisabuelo. “El bosque estaba oscuro, bonito, porque ellos lo reforestaron antes y el bosque también se reforesta, por las semillas que caen de las mazorquitas de los árboles”. 

-¿Y para qué se ocupa tanta madera? 

“La mayor parte se va para la industria de la construcción”, dice uno de los ejidatarios que originario de Tezompa. “Para hacer polines, vigas, tablas, tablones. Para el encofrado de estructuras, para el colado de toda una construcción. Y no se la llevan de forma legal porque les sale mucho más barato”.

 

La primera asamblea para la remoción de los miembros del Comisariado, que incluyó al Presidente, Secretario, Tesorero y la Comisión de Vigilancia, se llevó a cabo el pasado 18 de agosto, luego de que 57 ejidatarios solicitaran a la Procuraduría Agraria una convocatoria para realizar la Asamblea General donde se modificaron estos cargos. Para el jueves 03 de septiembre, el Ejido de San Juan y San Pedro Tezompa llevó a cabo su segunda asamblea, en la que por mayoría de votos se realizó la renovación del cargo, destituyendo a Fernando Leyte del Valle y designando a Martín Rojas Calvo como nuevo presidente del Comisariado Ejidal. 

Este proceso administrativo, que incluyó la búsqueda de documentación en el Registro Nacional Agrario, el Archivo General de la Nación, y otros esfuerzos sin conocimiento previo por ejidatarios y no ejidatarios, se realizó mientras que ambas escisiones del ejido emprendieron campañas simultáneas de reforestación. Entre ellas, la Jornada de Restauración Forestal del gobierno estatal, donde participaron, entre otras autoridades, Alhely Rubio, secretaria del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Coordinadora General de Conservación Ecológica, Elvia Alva Rojas, quienes reportaron la siembra de alrededor de 4,500 plantas. 

En esta jornada, las autoridades municipales y estatales destacaron la participación de más de 400 personas, incluyendo a servidoras y servidores públicos del Gobierno de Chalco, representantes de PROBOSQUE, la Junta Estatal de Caminos, Guardia Nacional y la empresa Walmart.

 

 

“Nos dejaron 28 mil árboles para que lo reforestamos y ya empezamos a reforestar. El problema es que no tenemos recursos para seguir trabajando. Ahorita estamos poniendo de nuestra bolsa para gastos de la gasolina y la comida, porque no tenemos recursos. El Ocotal necesita atención, hacer brechas, chaponear y componer el paso que está muy feo”, apunta don Martín.

A través de los programas de restauración forestal, el comisariado anterior acumuló miles de árboles, que aún con las jornadas emprendidas en su gestión, incluyendo la Jornada de Restauración, coordinada por el gobierno estatal en el marco de la temporada de avistamiento de luciérnagas, carecieron de un despliegue que lograra sembrar todas las plantas bajo su resguardo. Sumado a esto, al momento de hacer entrega de parte de los bienes del Ejido, Fernando Leyte entregó otras 5 mil plantas, alcanzando un total de 33 mil árboles.

 

 

“Todavía nos faltan 18 mil. Ya avanzamos un poquito. Esperemos terminar de reforestar todo. Con la gente que estamos invitando y está ayudando vamos a lograr terminar de sembrar todo. Y después de terminar eso nos vamos a las brechas, después el camino y a podar todo el pasto del parque que ya está grande, pero necesitamos que nos echen la mano para que podamos avanzar”.

Don Martín reconoció que, previo a la renovación del actual Comisariado, como parte de la convocatoria de la Comisión Ocotal Ayaquemetl, varias personas contribuyeron para conseguir y sembrar los árboles de las 5 jornadas que realizaron. “Pero no nomás de Tezompa, también se están uniendo otros pueblos. Xochimilco, Santa Cruz, San Pablo, Ayotzingo, Huitzilzingo, todos se están uniendo para avanzar. Ya vieron como está bien acabado el monte”. 

En la primera jornada coordinada entre la Comisión Ocotal Ayaquemetl y el actual Comisariado, participaron más de cincuenta personas, entre jóvenes familiares de las y los ejidatarios, además de vecinas y voluntarios de esa y otras comunidades. En esa jornada plantaron decenas de pinos en los parajes Dos cerros, El Jardín, Las Monedas Cuatas, El Huaxtle, El Cornejal y una sección de las faldas del cerro Ayaquemetl. Aunque han tenido un avance importante, continúan necesitando ayuda “porque la planta se debe sembrar pronto. Se acaba el temporal y ya no vamos a poder reforestar”.

Las secciones donde las brigadas dedican especial esfuerzo están cubiertas por las ramas, troncos y tocones de árboles centenarios que se llevaron, los abuelos de los nuevos brotes que hay sobre los caminos fabricados por los taladores para transportar lo derribado. Es notoria la diferencia entre los árboles de invernadero y aquellos que son descendientes de los “árboles padre-madre”, como dice don Renato, de los mismos ocotes de este bosque que también forma parte del Área Natural Protegida con carácter de Reserva Ecológica “Cerro Ayaqueme, Volcán Huehuel”.

 

 

Desde la renovación del Comisariado, el saneamiento forestal aprobado por las dependencias quedó cancelado, afirma don Martín.

“No vamos a permitir que se tire ni un árbol más”.

 


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