Iztapapálotl impulsa monitoreo comunitario de la mariposa monarca y su planta hospedera, el algodoncillo
Escrito por Adair Lima el 31 de julio de 2026
Dentro de los bosques de coníferas, donde la mariposa monarca pasa el invierno, existe una planta indispensable para que la especie pueda reproducirse durante el resto del año, el algodoncillo (Asclepia).
En entrevista con La Voladora Radio, Eduardo, integrante del grupo de exploración y aventura “Iztapapálotl”, explicó que, mientras los pinos y oyameles funcionan como un refugio u «hotel» donde las mariposas se resguardan del frío del norte durante el invierno, la planta de algodoncillo es el único sitio donde pueden completar su ciclo reproductivo en la región de los volcanes y el Valle de México.
La Asclepia o Algodoncillo es una planta tóxica. “Quienes eligieron esta planta fueron las monarcas, para hacer el depósito de sus huevecillos, sabiendo que la toxicidad de la planta puede ahuyentar a los depredadores”. Al consumirla, las orugas absorben esa toxicidad sin sufrir afectaciones y la conservan hasta la etapa adulta.
”Toda esa toxicidad va a estar dentro de ella, por eso las tonalidades naranjas de sus alas. Es un rasgo que alerta a sus propios depredadores en edad adulta. Es un mecanismo de protección, de asegurar su supervivencia y su ciclo reproductivo”.
Al iniciar el retorno migratorio hacia el norte en febrero, muchas monarcas no regresan hasta Canadá o Estados Unidos, sino que permanecen en los bosques de la región. Para estas poblaciones estacionales, contar con algodoncillo disponible resulta fundamental para garantizar la continuidad de las siguientes generaciones.
Esta planta con frecuencia es arrancada por considerarse maleza, eliminada mediante el uso de agroquímicos o extraída de forma silvestre para su comercialización en mercados herbolarios, sin embargo, su protección es fundamental para el cuidado de la monarca. Eduardo comenta que, aunque en el Estado de México se han identificado al menos 11 especies endémicas de Asclepias, entre ellas Asclepias notha, registrada en los bosques de Atlautla, la planta enfrenta diversas amenazas derivadas del desconocimiento de su importancia ecológica.
Por ello, en el marco del “Blitz Monarca”, en colaboración con Correo Real y la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA), Iztapapálotl lanzó una convocatoria dirigida a las y los habitantes de la Sierra Nevada para participar en esta jornada de ciencia ciudadana que busca registrar la presencia tanto de la mariposa monarca (Danaus plexippus) como de su planta hospedera, el algodoncillo. A través de esta iniciativa, la agrupación busca construir una red comunitaria de monitoreo de la mariposa monarca y generar registros científicos en la región de los volcanes, además, de impulsar procesos de concientización entre las comunidades ubicadas desde las faldas del Popocatépetl hasta el Monte Tláloc, para desmitificar la idea de que esta especie de mariposa únicamente habita las coníferas durante la temporada invernal y visibilizar el papel fundamental que desempeña la flora local.
“Pasa con especies que se vuelven atracciones turísticas, que solo conocemos las etapas bonitas, atractivas […] vemos fotos de la monarca aperchada sobre los troncos, sobre las ramas, pero solo estamos viendo una temporada de ellas, en la que viajan para protegerse de las inclemencias de temperatura de sus lugares de origen. Si no hay planta de algodoncillo, prácticamente no podrán continuar con su ciclo reproductivo. Es algo que a veces pasamos por alto en la zona».
Para facilitar la participación de personas sin conocimientos técnicos especializados, Iztapapálotl recomienda el uso de la aplicación gratuita NaturalistaMX, administrada en México por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). En las redes sociales de Iztapapálotl se pueden encontrar instructivos del uso de la aplicación para el registro. Las personas interesadas podrán realizar avistamientos del 31 de julio al 9 de agosto. Para participar únicamente deben fotografiar mariposas, orugas o plantas de algodoncillo en jardines, parques o zonas forestales, siempre de manera respetuosa, sin manipular a las especies ni cortar la vegetación.
De manera paralela, el colectivo también imparte talleres de campo y charlas comunitarias en coordinación con núcleos ejidales y parques ecoturísticos de la región, con el propósito de capacitar a habitantes, guías y jóvenes en el reconocimiento de la biodiversidad local.


Entrevista y texto: Katherine Rodríguez / Adair Lima